lunes, 20 de abril de 2020

El sur de Etipia. Diferente y de enigmática belleza


Partiendo de Addis  Abeba y según te vas adentrando hacia el sur, cambian los colores, que pasan del verde intenso de las zonas montañosas al verde más pálido de la sabana, para acabar con un marrón polvoriento en las zonas bajas, especialmente si hace tiempo ya que esperan las anheladas lluvias. También cambian las gentes, que pasan del moreno aceitunado del norte a un moreno más oscuro, según se va descendiendo de latitud, asemejándose más a sus vecinos de Sudan del Sur o de Kenia.


Mucho y para bien, ha cambiado la Capital del país, Addis Abeba, desde mi anterior viaje hace ya cuatro años. Sigue habiendo caos de tráfico en el ritmo de vida de los etíopes, pero lo aprecié mucho más ordenado todo, con más semáforos en sus enormes avenidas atestadas de coches, con el entorno mucho más limpio que entonces. La Capital, ha dado un paso hacia adelante muy apreciable, con multitud de nuevas construcciones, algunas sin acabar, pero que están dado un cambio acelerado hacia la modernidad urbana. Prueba de ello, es su ya magnifico aeropuerto, a nivel de cualquier otro de Europa y que sigue remodelándose con rapidez. Todo ello sin dejar de lado las esencias básicas de la idiosincrasia del País.


Pero la capital no es el objeto principal de este reciente viaje a Etiopia, por lo que alejarnos rápido de ella y comenzar el largo y tortuoso camino hacia latitudes más bajas, es lo más aconsejable. La forma más drástica y cómoda de hacerlo es usando el avión. Desde la capital se puede volar a diario hasta Arba Minch o Jinka, evitándonos los 500 km a la primera o los más de 800 a la segunda ciudad, pero no podríamos “disfrutar” de las largas horas de malas carreteras y caminos de tierra, de la visión de sus pequeñas ciudades o comprobar el cambio étnico, social y religioso que van adquiriendo a cada tramo sus habitantes.


Al final salimos ya pasado el mediodía, en un pequeño bus donde nos acomodamos toda la expedición, por lo que al caer la noche conseguimos llegar hasta nuestro primer alto en el camino, la pequeña localidad de Ziway sin llegar a recorrer 200 km. Allí pasamos la noche en el Haile Resort, un alojamiento cómodo y muy recomendable, y aunque sin derroches, nos supo a gloria.


Muy temprano comenzamos el movimiento, pues habríamos de hacer un alto en el Parque Nacional de Abijatta Shalla, donde tras un pequeño recorrido a pie por el mismo, únicamente pudimos atisbar avestruces, gacelas y cerdos salvajes. Una primera toma de contacto con el medio natural, en el que pudimos comprobar que el polvo y la hierba seca de la zona se adhieren de forma perfecta a calzado y pantalones. Acabamos el recorrido desde el borde de un alto, donde la visión del valle y el lago en la lejanía, nos hizo comenzar a apreciar la inmensidad de las llanuras etíopes. También allí tuvimos el primer contacto con los niños salidos de cualquier parte, y que se arremolinan a tu alrededor hasta conseguir un simple boli o caramelos, que les haga más llevadero el día a día.


De nuevo a la carretera, pues aun queda mucho trayecto hasta la siguiente parada. Antes de acabar la tarde, y tras una interminable ascensión a la montaña, por un camino pedregoso y polvoriento, avistamos la aldea de Bodo, donde la tribu de los Dorze construyen sus chozas con forma de cabeza de elefante. Allí, apreciamos sus bailes y canticos ataviados con pieles de leopardo y de distintos animales. Igualmente hacen una pequeña demostración de la forma en que preparan sus alimentos, antes de comenzar la consabida exposición de objetos artesanales por ellos confeccionados para ir haciendo caja. Y ya con la oscuridad de la noche encima llegamos al final de la jornada, que culminamos en el Hotel Emerald de Arba Minch, con unas vistas espectaculares sobre los lagos Abaya y Chamo. Un gran lugar para el descanso sin duda ninguna.


Con el nuevo día apreciamos, más si cabe, la belleza del lugar tomando el café del desayuno con las bellas vistas que desde el hotel se atisban. El primer destino del día lo teníamos a nuestra derecha. El lago Chamo. Hacia el nos dirigimos tras subir de nuevo a bus y descender por una carretera serpenteante. Un muy básico embarcadero nos recibe al borde del lago con sus barcas metálicas, en las que nos acomodamos antes de comenzar la lenta navegación hasta el otro extremo de la gran extensión de agua. En los pocos árboles que surcan su orilla, anidan algunas especies de aves que nos observan con precaución. Poco a poco las barcas se acercan a una pequeña y pedregosa playa en la que tranquilamente toman el sol varios cocodrilos de gran tamaño. Otros enormes reptiles se acercan a ella o se adentran ya secos en el agua del lago. Sobrecoge ver su tamaño y grandes fauces.


De vuelta al embarcadero, otra vez al bus para tener un largo trayecto hasta la ciudad de Jinka. Se hace largo y cansado, y tras el alto consabido para comer, en el Kanta Lodge de la localidad de Konso, de nuevo bus hasta detenernos en un esplendido mirador que se erige entre los valles de Rif y de Omo. Desde allí se aprecia en toda su inmensidad la enorme extensión por la que nos situaremos en los siguientes días, con la vista en la lejanía del caudaloso rio Omo y que se asemeja a una gran serpiente en medio de la llanura. Una bella visión antes de volver al bus para acabar en nuestro destino, Jinka. En esta concurrida y algo destartalada ciudad, nos alojamos en el Hotel Nassa, establecimiento muy básico y falto de toda comodidad y limpieza. Incluso carece de cualquier atisbo de bar o comedor, por lo que para la cena y desayuno habríamos de desplazarnos a otro hotel cercano. No nos dejó un buen recuerdo.


Madrugamos para salir en la mañana en busca de más sensaciones. Nos esperaba un largo día de bus y en busca de algunas tribus que habitan la zona. Encontramos a los Bursis en la aldea Berdole, allí, tras el pago estipulado para las fotos, rápidamente sus mujeres dejaban fotografiar sus labios y orejas con platillos incrustados en ellos. Adornan igualmente su cuerpo con pinturas y dibujos en blanco. Multitud de niños te rodean y junto con las mujeres intentan venderte todo tipo de abalorios. Los hombres sentados a la sombra observan desde la distancia.

Salimos de allí un tanto decepcionados de la que parecía artificial parafernalia. Tras la comida realizada a medio camino, arribamos a la aldea Logio donde se ubica la tribu de los Hamer, muy característicos por sus peinados rojizos y ornamentación, amén de las escarificaciones corporales que se auto infligen. Destacan las mujeres de esta tribu por su gran belleza y que poseen cuerpos muy estilizados. También hay que realizar pagos por entrar a su aldea y como en todas, se ha de ir acompañado de un guía local que facilita todas las gestiones con ellos. Terminamos en día en la localidad de Turmi, alojados en el Hotel Kinzo Lodge. Sin duda el más descuidado y destartalado de todos, aunque tuvieron la deferencia de asar dos cabras para la cena en una inmensa hoguera, de buen sabor aunque bastante dura, debido a su edad.


El siguiente día lo empleamos en acercarnos a la orilla del caudaloso rio Omo, para cruzarlo en canoas y visitar la última de las tribus previstas, los Dasanech. A pesar de la cercanía del rio y del lago Turkana, se ubican en una zona muy árida, con abundancia de polvo y de muy altas temperaturas, lo que provoca estar siempre rodeados de mosquitos de todos los tamaños. Curiosamente protegen sus chozas con chapas metálicas, lo que incide en el aumento de la temperatura de sus viviendas. Cabe destacar de los Dasanech, que aun hoy en día siguen manteniendo la mutilación genital femenina y la circuncisión para los varones. Si no cumplen esta norma no pueden casarse. Ya de regreso a Turmi, se hizo un alto para gozar del mercado de animales y hortalizas que allí se ubica. Tras la comida, de nuevo horas de bus hasta llegar en la noche a la localidad de konso y alojarnos en el Kanta Lodge, sin duda el mejor alojamiento del viaje, que junto con su muy aceptable cocina, nos supuso una gran noche de relax y disfrute.


Y como todo llega a su fin, esta vez no iba a ser menos. Junto a konso se ubica la aldea Gamole, lugar peculiar pues dispone de laberínticas calles empedradas y parcialmente amuralladas y cada recinto familiar esta igualmente separado del resto por setos y empalizadas. Un lugar muy diferente a los ya visitados, pero muy agradable el trato con sus gentes. También venden de todo, claro. Y ya de nuevo al bus para iniciar camino a Arba Minch y en su pequeño y coqueto aeropuerto subir a un avión que nos deposita rápidamente en Addis Abeba. La hora de la partida se acerca y pasamos la tarde con compras de café y recuerdos, antes de juntarnos a cenar en el Restaurante Lucy, junto al Museo Nacional de Etiopia, donde dimos cuenta de una muy agradable cena, antes de dirigirnos al aeropuerto de la capital y acomodarnos en el vuelo de regreso a España.


En el recuerdo siempre quedarán esas carreteras de tierra, donde campan a sus anchas cabras y vacas en su ir y venir cotidiano y que ralentizan, aun más si cabe, los interminables trayectos. El sur, va a un ritmo más pausado que la capital. Todo tiene su secuencia y es absurdo intentar alterarla. A la diferencia étnica con el resto de etíopes, hay que añadir la islamización de la zona, muy acusada ya y que ha conseguido desterrar al cristianismo en algunas poblaciones. Sigue siendo un entorno bastante seguro y que deja mucho que desear aun a nivel de recibir visitantes, alojamientos con un mantenimiento inexistente pero que ofrecen unas comodidades infinitamente mejores a las que ellos tienen. Mucho le queda aún por hacer a sus gobernantes para mejorar la forma de vida de sus abandonadas gentes, infraestructuras, acceso al agua, a la electricidad y sobre todo concienciar sobre la educación de sus niños.


Lo más negativo quizás, fue constatar un hecho que nos debe llevar a reflexionar profundamente. En nuestro afán occidental de descubrir personas y lugares diferentes, hemos caído en desarraigar a las personas que integran sus ancestrales tribus. Ya no pastorean, casi no cultivan los campos, tienen suficiente con el dinero que les damos los visitantes para su subsistencia. Les hemos acostumbrado a cobrar por hacerles fotos, pagarles por visitar sus aldeas, les hemos inculcado lo peor de la cultura occidental. Aun estamos a tiempo de remediar esta situación. Esto fue sin duda lo más desagradable de todo lo visto en esas bellas tierras.


Ahora solo queda repasar lo vivido y agradecer a AYME (Ayudamos a Mama en Etiopia), una ONG que centra su actividad en la región Etíope de Gondar, haber organizado este viaje como complemento a su programa de ayuda. Allí, ha construido una maternidad (la cual se visitó) con la inestimable colaboración de Mensajeros de la Paz. A día de hoy funciona a la perfección, lo cual debe ser motivo de orgullo para Jeshy, su presidenta, etíope de nacimiento pero afincada en Madrid. Igualmente hay que agradecer al que fue nuestro guía en esos días, Eshelu, con un perfecto español, el se encargó de organizar todo y llevarnos sin sobresaltos a todos los lugares. Tuvo mucho trabajo con nosotros y lo solventó todo con esfuerzo y una eterna sonrisa que agradeceremos siempre. Solo mencionar también que la mejor opción para desplazarse a Etiopia, son sus líneas aéreas nacionales, Ethiopian Airlines, sin sobresaltos, con puntualidad, precios asequibles y con conexiones a todos los continentes.

lunes, 5 de agosto de 2019

Lerma. Las Edades del Hombre son la excusa perfecta


 LERMA
Las Edades del Hombre son la excusa perfecta


Finalizando ya el mes de Junio, el día 28, y como resultado de la invitación formulada por la Consejería de Turismo de la Junta de Castilla – León, diversos asociados a la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo (FEPET) tuvimos la ocasión visitar la localidad Burgalesa de Lerma, donde se ubica la 24 edición de la ya mítica exposición religiosa denominada “las Edades del Hombre”. En esta ocasión se la ha denominado “Angeli”, debido a que estos seres mitológicos son el nexo de unión de las obras expuestas.

En un día que se presumía caluroso en extremo, a primeras horas de la mañana ya estábamos en el Salón Municipal del Ayuntamiento de Lerma, donde fuimos recibidos por el Director General de Turismo de la Junta, D. Javier Ramírez y el Alcalde de Lerma, D, Miguel Ángel Rojo. Allí, y acompañados por el representante de la exposición, se hizo un rápido repaso con la estructura de la misma y diversas notas de interés que la acompañan.


Así, supimos que esta 24 edición de la Exposición, fue inaugurada por la Reina Doña Leticia el pasado 11 de Abril y que oferta unas 90 piezas provenientes de todas las Diócesis de la Comunidad de Castilla – León. Hasta estas fechas, la totalidad de visitantes a todas las ediciones se cifran en 11 millones de personas y se han expuesto un total de casi 5.000 obras de arte.


En la Villa Ducal de Lerma, esta edición ha previsto que sean tres los lugares donde se desarrolla la exposición, La Ermita de la Piedad, La Iglesia de San Pedro y el Monasterio de la Ascensión. Entre las tres sedes se han repartido todas las obras con lo cual la visita resulta de lo más amena. Si a ello unimos que el precio es módico, 10 Euros, e incluye además la visita a la Colegiata de Covarrubias y al Monasterio de Santo Domingo de Silos, la oferta se me antoja excelente y variada.


En un promontorio de la fértil vega regada por el rio Arlanza, se asienta la hermosa Villa Ducal de Lerma, elegida por don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas para desarrollar en ella uno de los conjuntos monumentales más importantes de España, con una enorme Plaza Mayor (donde se ubica el Parador de Turismo) flanqueada por palacios, casas de enjundia y conventos e iglesias. También hicieron mucho por el buen nombre de Lerma las apariciones veraniegas de José Zorrilla, pues aquí correteaba tras una moza buscando el amor, y las historias del cura Merino en su lucha contra las tropas de Napoleón.


Posee Lerma gran variedad de atractivos monumentales además de su Plaza Mayor, como son el Palacio Ducal, el mirador de los Arcos, la Colegiata de San Pedro, Convento de San Blas, la Plaza de Santa Clara, el Arco de la Cárcel o el Monasterio de La Ascensión. No hemos de dejar mencionar los pasadizos y cuevas que conectan todo el casco histórico. Recorrer todos ellos será una labor gratificante y que nos permitirá imbuirnos de la historia de la Villa


Entre paseo y visitas, no estará de más hacer un alto en una de sus afamadas bodegas, Bodegas Lerma, ubicadas en el centro de la localidad. No en vano la vega del rio Arlanza es el epicentro de la D.O. Arlanza, cuyo Consejo Regulador dispone de más de una veintena de bodegas adscritas.

Y ya que estamos por estas tierras, se antoja conveniente acercarse a Covarrubias a disfrutar de su casco histórico, recientemente remodelado y peatonalizado, con una Colegiata Gótica, la de San Cosme y San Damián, de una gran belleza y con numerosos enterramientos y delicioso claustro.


También en los alrededores de Lerma es perentorio acercarse a Santo Domingo de Silos y su afamado Monasterio Benedictino. Este dispone de un Claustro románico con relieves diversos y capiteles excelentemente conservados. No irse de allí sin entrar en la antigua botica del Monasterio, donde se conservan todo tipo de recipientes para recordar como preparaban los Monjes los remedios de la época. En el día de nuestra visita, en una de las salas del Monasterio se acoge una exposición temporal del gran pintor Antonio López. La visita a esta exposición temporal, forma parte de los complementos que rodean a la presente exposición de las Edades de Hombre. Una treintena de monjes (entre ellos, un extranjero) componen en la actualidad, la comunidad Benedictina del lugar. La oferta del Monasterio se ve completada por una agradable y austera Hospedería, por si sentimos vocación repentina. Este albergue es la fuente principal de ingresos de la comunidad, completada con la venta de entradas al enorme recinto.


Y como entre tanto trasiego, el hambre aprieta, que mejor forma de hacer una alto para la comida en uno de los múltiples restaurantes que pueblan las localidades visitadas. Nosotros lo hicimos en el Restaurante “Caracoles” de Lerma, junto a la Plaza Mayor, donde no falto uno de los manjares por excelencia de la zona, el lechazo, que acompañado de la típica ensalada y la excelente morcilla de la tierra, colmaron nuestras expectativas culinarias. Por supuesto, no faltó en mencionado anteriormente vino de Arlanza, para ayudar a la digestión.


En definitiva, y a pesar del calor, fue una excelente decisión visitar Las Edades del Hombre en Lerma.

sábado, 4 de mayo de 2019

Sierra Norte de Guadalajara, La España en Blanco y Negro


SIERRA NORTE DE GUADALAJARA
La España en blanco y negro

Durante los días 4 y 5 de abril de 2019, y como resultado de la invitación formulada por CEOE y CEPYME, La Federación Provincial de Turismo de Guadalajara y la Diputación Provincial de Guadalajara, diversos representantes de medios de comunicación tuvimos la ocasión visitar la Sierra Norte de la provincia, donde se pudo apreciar que esa gran zona desconocida, reúne todos los ingredientes necesarios para auparse a puestos destacados en la recepción de visitantes, dentro de los territorios de la España interior para los amantes de la naturaleza.


El rincón más al norte de Castilla la Mancha y limitando con Soria, Segovia y Madrid, es una de esas zonas interiores de la España desconocida. Alejada de los principales ejes de unión entre capitales y aislada entre montañas, se llega a ella tras recorrer carreteras secundarias y básicas pero que consiguieron dejar atrás los siglos de aislamiento que su orografía le confiere.


La puerta de acceso a la Sierra Norte, se puede marcar en la localidad de Cogolludo. Hacer un alto allí nos deparará alguna sorpresa, pues no se espera encontrar en la vega del rio Henares, un enorme y elegante Palacio Ducal, construido en estilo renacentista por los Medinaceli en el Siglo XV. Se localiza en la parte frontal de la bella y austera Plaza Mayor del pueblo, parcialmente porticada, y desde donde se aprecian, en lo alto de la loma, los restos del Castillo medieval. Tampoco deberíamos dejar pasar por alto una visita a la Iglesia de Santa María, en la parte alta de la localidad.

Al poco de salir de Cogolludo y tomando dirección al norte de la provincia, no estaría de más hacer un alto en la Bodega “Finca Rio Negro”. Una moderna instalación rodeada por 42 hectáreas de viñedos, con la particularidad de ser los situados a más altura de España (superior a 1000 metros) y que dan una producción anual de 200.000 botellas, de las que casi un tercio se dedican a la exportación.


Definitivamente, hemos de encaminarnos hacia el norte hasta casi encontrarnos con los límites de la provincia de Soria. Allí, a la falda sur de la Sierra de Pela, se localiza Campisabalos, el pueblo con el aire más puro de España y el tercero del mundo, y localidad con muchas connotaciones históricas que podremos recordar acudiendo al Centro de Interpretación “El Mensario”, donde se hace un repaso de las etapas románicas, visigodas y posteriormente musulmanas, vividas por la localidad. Ya dentro del pueblo, y haciendo de eje sobre el cual creció el mismo, se ubica una coqueta y pequeña Iglesia Románica del siglo XII, la de San Bartolomé, en cuyo muro se aprecia un Mensario esculpido, con un calendario agrícola.


Imprescindible después, acercarse a la localidad de Cantalojas, puerta de acceso al Parque Natural de la Sierra Norte, donde podremos deleitarnos con el Hayedo de Tejera Negra, el más meridional de los hayedos de Europa y que podremos recorrer por cualquiera de las rutas de senderismo, que dentro de él se encuentran perfectamente indicadas. En el acceso al parque disponemos de un Centro de Interpretación, en el que averiguar todo lo que ofrece la zona.

Una vez hayamos vivido el hayedo en todas sus facetas, se hace imprescindible adentrarnos en ese trozo de territorio alcarreño que con razón se denomina “de la arquitectura negra”. Saliendo de Cantalojas y sin perder de vista el mítico Pico del Ocejon, tras atravesar bonitas montañas pobladas de pinares, la carretera de retuerce sobre las lomas que marcan el curso del rio Sorbe hasta depositarnos en Valverde de los Arroyos.


Es esta una localidad de belleza sin igual. Acoplada a las montañas que la rodean y con calles empedradas y casas de piedra y pizarra (negra, por supuesto) reconstruidas perfectamente, se asemeja a un lugar por el que el tiempo no pasa. En días de invierno sus habitantes pasan con poco de la veintena y llegan hasta 60 en festivos. Si dispone de correctos alojamientos y lugares de restauración, con lo que es el lugar ideal para parar allí y solo dedicarse a disfrutar de los paisajes y los paseos por el monte. No dejar pasar la ocasión de visitar “la chorrera de despeñalagua”, una cascada situada a no más de 40 minutos a pie del pueblo y que es emblema natural de la zona.


Si dirigimos nuestra ruta al sur, tras unos kilómetros de densos pinares, se ha de tomar el desvío de la comarcal GU-186 que nos encamina hasta Campillejo, pequeño pueblo en el que no se vislumbraba nadie por sus calles, pero que merece una visita aunque sea únicamente por contemplar la muy pequeña Iglesia Parroquial, construida toda en pizarra y que constituye un claro ejemplo de la singularidad de las construcciones de la comarca. Al igual que en Valverde, el resto de construcciones de la localidad, se realizan y reconstruyen en piedra negra.


Pero quizás el pueblo más famoso y con más actividad diaria es Campillo de Ranas. No hace falta describir la belleza de las construcciones que en él se encuentran. Solo se permite la construcción y reformas con piedra y pizarra negras, y el resultado es esplendido. El pueblo, y gracias a su actual Alcalde, Francisco Maroto, se ha convertido en icono mundial de bodas y celebraciones diversas, lo que ha posibilitado que florezcan los negocios de hostelería y alojamientos, convirtiéndose así en un lugar que mantiene muchos puestos de trabajo para los habitantes de la zona. De esta forma, la despoblación aquí está mucho más atenuada que en localidades colindantes.


La siguiente parada ha de hacerse en Majaelrayo, pueblo muy conocido hace unos años gracias a uno de sus habitantes, Jesús, que saltó a la fama gracias a un anuncio de coches en televisión. Con todo ello, el pueblo se mantiene dignamente ordenado y limpio, con la belleza de las construcciones de la zona perfectamente similares y con oferta de restauración para los días festivos. El empeño y el trabajo de su joven Alcaldesa, Sonia Atienza, da sus frutos. En el humilde salón de actos de su ayuntamiento, decoran las paredes muchas fotos de sus habitantes y estampas de la vida cotidiana del pueblo. Merece mucho pasar allí un rato.


Y si ya es hora de iniciar el camino de regreso, antes hemos de hacer una parada en la Ciudad Encantada de Tamajón. Una serie de formaciones rocosas, que erosionadas por el viento y por el agua, conforman siluetas abstractas y el ocasiones fantasmagóricas. Se localiza a poco más de un kilometro de Tamajón y junto a la Ermita de Los Enebrales. Este templo se encuentra junto a la carretera y en medio del campo, pero con unas dimensiones más que considerables, para las existentes en la zona. De estilo románico, se construyo allá por el siglo XVI.


El pequeño recorrido ya termina. Tamajón marca la puerta de salida de la comarca de la Arquitectura negra y nos encamina rápido hasta Cogolludo. Antes, un vistazo rápido a Tamajón nos muestra una localidad algo más grande que las anteriores, pero que carece de algún tipo de industria y sus 123 habitantes actuales dependen del turismo de la zona como fuente de ingresos. Aun así, su alcalde, Eugenio Esteban, y el resto de la corporación hacen encajes de bolillos para mantener al pueblo en las debidas condiciones, lo cual consiguen sobradamente, e incluso disponen de Residencia de Ancianos en la localidad, para los habitantes de la zona que lo necesiten.


Aunque el recorrido relatado pueda parecer corto y realizable en poco tiempo, las sorpresas naturales encontradas en los alrededores del Pico Ocejón, recomiendan tomárselo con calma y procurar alojarse en alguno de los establecimientos disponibles. No existen muchos, pero en Campisabalos, Valverde de los Arroyos y sobre todo en Campillo de las Ranas, encontraremos variedad de ellos. Las carreteras se encuentran en estado aceptable, aunque en invierno y al ser zona de frecuentes nevadas, conviene extremar la prudencia.


De esta forma, se evidencia el estilo de vida de sus habitantes y lo complicado que nos seria adecuarnos a ello. Esa España despoblada, aunque pocos, también dispone de niños, y el esfuerzo que han de hacer ellos y sus padres para escolarizarlos es digno de recordar. Escuelas cerradas que obligan a trayectos largos y continuos. Falta de comercios para el día a día. Asistencia médica escasa y alejada también. Telecomunicaciones deficientes, con cobertura móvil muy precaria. En resumen, no disponen de una vida fácil pero desprenden amabilidad y buen hacer.


Y no olvidarse de apreciar sus maravillas culinarias.