lunes, 19 de diciembre de 2016

Estado de Guerrero (México)



ESTADO DE GUERRERO (MEXICO)
EL TRIANGULO DEL SOL

No todo en México ha de ser su Capital (México DF) ni la Península de Yucatán (Cancún o Playa del Carmen). Dentro de una extensión de cerca de 2 millones de Km² (Casi cuatro veces España) la variedad que ofrece es espectacular, con desiertos, selva, montaña, playa, y sobre todo paisajes de ensueño. Si a ello unimos la fenomenal acogida de sus gentes, tendremos los ingredientes necesarios para pasar unos días por el interior de México que recordaremos durante mucho tiempo. Y si encaminamos nuestros pasos por el Estado de Guerrero, no saldremos defraudados.


Ubicado al sur de la Capital Federal y del Estado de Morelos y con el límite marcado por el Océano Pacifico se sitúa el Estado de Guerrero. Allí, tres hermosas ciudades configuran lo que se ha denominado, de forma muy acertada, el “Triangulo del Sol”, cuyos ángulos están definidos por Taxco, Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo. Un triangulo perfecto dentro del cual encontramos la huella colonial en el interior y la más actual zona de vacaciones en la costa del Pacifico.


Situado a unas tres horas en coche de la Capital Federal, y tras atravesar el Estado de Morelos, en el primer vértice del triangulo encontramos Taxco, hermosa ciudad colonial ubicada entre montañas donde sus calles empedradas y en cuesta están pobladas de infinidad de edificios y casonas antiguas, que se abren a pequeñas plazuelas donde el trasiego de visitantes y residentes es un constantes fluir de idas y venidas. En sus alrededores y desde los tiempos de la conquista Española, se ha ido desarrollando una gran actividad minera para la obtención de plata, siendo esta actividad la que ha contribuido principalmente al desarrollo de la ciudad y que continua dando vigor a la economía en la actualidad. No en vano, es la zona minera más antigua de las Américas y sus tiendas de artesanía salpican por doquier cualquier recodo de sus calles, pues sus artesanos de la plata tienen fama desde que allí se asentaron los españoles.


Su nombre oficial es Taxco de Alarcón, en recuerdo al escritor originario de la ciudad Juan Ruiz de Alarcón y por su belleza fue nombrado Pueblo Mágico, lo cual le confiere como de alto valor cultural y turístico para el visitante. El centro de la localidad está dominado por su Zócalo, en el que se ubica la majestuosas Iglesia de San Sebastián y Santa Prisca, de estilo barroco y construida en el siglo XVIII bajo el mecenazgo de José de la Borda, rico empresario minero que allí se asentó. Se diseñó el templo como una cruz latina con capilla adosada y dispone de nueve retablos, uno de ellos dedicado a San Isidro Labrador. Además, merecen mención otros edificios de la ciudad como el Museo Spratling, que alberga restos prehispánicos que coleccionaba el Norteamericano William Spratling y que a su muerte cedió a la ciudad, el Museo de Arte Virreinal, que alberga objetos litúrgicos y piezas de arte barroco o el Ex Convento de San Bernardino.


También los alrededores de Taxco tienen lugares de admirar. Como las Grutas de Cacahuamilpa, ubicadas dentro del Parque Nacional del mismo nombre y con cerca de noventa salas abiertas al público, y que durante el recorrido de casi dos horas está dominado por enormes estalactitas y estalagmitas, con una altura en algunas zonas de casi 80 metros. No se ha de dejar pasar la ocasión de acercarnos al teleférico y elevarnos hasta los 180 metros de altura en su parte final, desde donde la vista del pueblo es colosal.


Comer en Taxco es toda una delicia para los sentidos. Para los no muy escrupulosos, allí se preparan los Jumiles, insectos guisados y que se tomas de diferentes formas. Además, hay que destacar sus sabrosos caldos o el pan de muertos que se consume en el día de difuntos. En todos los restaurantes sirven deliciosos platillos con recetas tradicionales y otras muy innovadoras.

Alojarse allí no es complicado pues dispone de buena capacidad hotelera. Entre ellos se destacan el Hotel Monte Taxco, el Hotel Agua Escondida o la Posada de la Misión. El único inconveniente de Taxco es el acceso, que únicamente se puede hacer por carretera.
Y como ya hemos escudriñado Taxco convenientemente, hemos de dirigirnos al siguiente vértice del triangulo, a Acapulco. Mítico emplazamiento vacacional del Pacifico Mexicano tanto para los originales del País como para multitud de Extranjeros, principalmente norteamericanos. Con unas puestas de sol envidiables sobre su bahía y con clima tropical durante todo el año, siempre ha sido un punto de encuentro de la alta sociedad mundial, donde se han dado cita desde políticos, actores o altas personalidades.


En la actualidad, Acapulco ha ido perdiendo el protagonismo que alcanzó en los años sesenta cuando era el destino habitual de las celebridades del cine que se citaban allí para celebrar fiestas interminables y de gran resonancia. Poco a poco las colinas que rodean su bahía han ido poblándose de exclusivos hoteles y viviendas, como las ubicadas en las Brisas y el Guitarrón. Estas actitudes han favorecido que Acapulco siga considerándose el gran centro de la fiesta nocturna, donde innumerables discotecas ofrecen espectáculos y música de todo tipo. Ello no es óbice para que sea un lugar muy deseado por las familias, y que en sus playas disfrutan enormemente durante el día.


Pero también encontramos un lugar y un momento para la Historia. El Fuerte de San Diego, construido en el siglo XVII para asegurar el tránsito de los navíos que traían mercancías desde Asia, como el mítico Galeón de Manila, hoy en día alberga al Museo Histórico de Acapulco, donde se exhiben muestras de la historia de la ciudad y nos acerca a comprender la importancia que tuvo la fortaleza.

No debe dejarse de visitar la zona denominada La Quebrada, rocoso acantilado desde el cual se lanzan al mar los llamados Clavadistas desde una altura de casi 50 metros y que se ha convertido en todo un espectáculo que congrega multitud de visitantes que asisten a alguno de los lanzamientos que realizan a lo largo del día, incluido uno nocturno. Aunque se han producido varios accidentes entre los saltadores, gracias a su habilidad y destreza, no ha habido que lamentar muertes.


Debido a la enorme construcción de edificios a lo largo de la Bahía y al no quedar terreno para más, recientemente se ha optado por extender la ciudad hacia la denominada Barra Vieja, convirtiéndola en una zona bautizada como Acapulco Diamante, donde están proliferando la construcción de lujosísimos hoteles, con todo tipo de actividades para sus residentes. Hay que destacar entre todos el llamado Mundo Imperial, grupo hotelero que dispone de tres hoteles, El Princess, El Resort y El Pierre (este último muy exclusivo y que se reformó, pues ya existía desde hace décadas). Entre estos tres hoteles, el grupo propietario ha desarrollado grandiosas construcciones, como son unos recintos para exposiciones y un fórum de actividades diversas y que tiene asegurada la ocupación durante todo el año, pues no en vano son los recintos más grandes del País y con todos los adelantos técnicos necesarios.


Poco ha de tardar Acapulco en recuperar el esplendor de antaño, pues las autoridades, con su Gobernador a la cabeza, no cejan en el empeño de la mejora constante de la ciudad así como su expansión completa, desterrando el falso tabú de ciudad insegura para el visitante. El transporte hasta ella es sencillísimo, pues cuenta con aeropuerto internacional, tanto desde México DF como desde otras ciudades de Norteamérica, asegurando así un flujo constante y fijo de turistas.

Y para completar el triangulo del Sol, nada mejor que un destino emergente, Ixtapa-Ziguatanejo. Partiendo del viejo y asentado pueblo de pescadores de Ziguatanejo, la administración decidió apostar por la implantación de un complejo turístico de lujo, aprovechando la belleza de unas bahías muy próximas al pueblo. Así nació la zona denominada Ixtapa, donde se urbanizó y construyeron una serie de hoteles y residencias privadas de muy alta categoría. Allí se asentaron firmas tan prestigiosas como Club Med, Sunscape, Park Royal, Barceló o las Brisas.


No se ha dejado pasar la ocasión de complementar la zona hotelera con una magnifico Campo de Golf, el Palma Real de Ixtapa, donde pasar una buena jornada practicando deporte añade un alto valor a los días de relax y descanso. Con 72 hectáreas para juego y 18 hoyos, con inmejorables vistas sobre el Océano Pacifico y con un relieve accidentado para conferir una mayor dificultad, se complementa con servicios de restauración además de canchas de tenis y de paddle.

De igual manera, se proyectó y construyó un Puerto Deportivo, el Marina Ixtapa, con casi 600 posiciones de atraque y todo los servicios habituales, además de vigilancia permanente y astillero. A su alrededor no se ha escatimado nada en la construcción de exclusivos apartamentos, donde los interiores lujosos y los espacios comunes son incomparables.


También, se ha procurado habilitar lugares de ocio y diversión con la construcción de equipamientos comerciales, en los que se ubican restaurantes, bares, tiendas y todo tipo de actividades necesarias para completar unos excelentes días de vacaciones.

Si a todo lo anterior, sumamos que el pequeño pueblo pesquero de Ziguatanejo, dispone de una gran potencial económico basado en sus innumerables restaurantes y tiendas de artesanía, ubicado todo en torno a su pequeña pero exquisita bahía, tendremos una conjunto perfecto para unos días de ensueño. Incluso la facilidad para el desplazamiento, pues dispone de un pequeño y coqueto aeropuerto internacional para recibir a sus visitantes, ya sean nacionales o extranjeros, que cada vez son más asiduos a Ixtapa-Ziguatanejo.


Solo queda hacer hincapié en la firme determinación que están poniendo las Autoridades de Guerrero, para conseguir aupar al Estado a los primeros lugares en cuanto a recepción de visitantes. Meritos y atractivos no le faltan, y su apuesta por el denominado “Triangulo del Sol” a buen seguro reportará los frutos apetecidos.








Vietnam de Sur a Norte



VIETNAM
DE SUR A NORTE
 
Cuando se tiene la oportunidad de volver a visitar un lugar que, en una primera ocasión, te entusiasmó, no debes dejarla pasar. Eso es lo que me ha ocurrido con Vietnam. Tras haber viajado al país hace ya unos seis meses, se dio la carambola de volver sobre aquellos pasos y de nuevo insistir en las vivencias encontradas. Como esperaba, volví a disfrutar con sus paisajes, sus gentes, sus aromas, sus sabores, su bullicio y su ordenado desorden. Solo hubo una diferencia, lo hice al revés, con lo que la visión de todo el país cambia, pero para mejor.


Salimos una mañana de Madrid con destino Ho Chi Ming City (Saigón), pero esta vez volamos con Aeroflot con escala en Moscú. Tras 15 horas de vuelo y una corta escala en la Capital Rusa, aterrizamos en la ciudad del sur Vietnamita a primera hora de la mañana y rápidamente percibimos ese ambiente pesado y ruidoso que con el tiempo se había echado de menos. Sin tiempo para más, iniciamos una rápida visita a la ciudad, realizando una obligada incursión al Palacio de la Reunificación y posteriormente al Museo de las Medicinas Tradicionales, antes de realizar la primera de las ansiadas comidas vietnamitas, que como no podía faltar iniciamos con la magnífica Pho (sopa) y continuamos con los rollitos, carnes,  y arroz. Después de la esperada comida y con el cuerpo acumulando el cansancio del largo viaje, llegó el relax y el descanso en el hotel durante toda la tarde, para retomar fuerzas antes de rendir visita al bullicio de los alrededores del Mercado de Ben Thanh y realizar una ligera cena local en el “Sea Food Market”. Un paseo ligero, unas cervezas y a dormir, que el día había sido largo.


Al día siguiente nos levantamos temprano, pues habíamos de trasladarnos hasta la localidad de Ben Tre y realizar un corto pero apetecible paseo en barca por uno de los ríos que conforman el Delta del Mekong, donde no faltaron momentos para el contacto con sus gentes y ver las actividades que realizan con los cocos y la pesca. Tras la consabida comida en uno de los restaurantes locales al aire libre y de un corto paseo en unos míticos motocarros, regresamos a Saigón haciendo una corta parada en el Templo de Cao Dai, donde se aprecia la mezcla de diversas religiones que allí se combinan. Tras la visita y después del consabido tiempo de autobús llegamos al hotel, donde tras asearnos convenientemente nos preparamos para salir a cenar algo al restaurante Barbacue y apreciar el bullicio y el colorido de la ciudad al anochecer.


Comenzamos el día con una visita al Museo de los Crímenes de Guerra, a la réplica de la Catedral de Notre Dame que fue construida por el Colonialismo Francés a finales del Siglo XIX y a la Oficina de Correos, diseñada por Eiffel. También nos dio tiempo de acercarnos a la Pagoda del Emperador de Jade, construida gracias a las donaciones populares y realizar algunas compras de imitaciones en el Mercado de Ben Thanh, antes de tomar el vuelo que nos iba a llevar hasta la céntrica ciudad de Hoi An, donde llegamos pasadas las ocho de la noche. Cenamos algo en un muy recomendable restaurante de pescado en la Playa y a dormir, que la vida del turista o viajero también es cansada.


Al poco de levantarnos y acosados por una incesante lluvia iniciamos un magnifico recorrido por las calles de su zona antigua, donde la arquitectura conserva los diseños originales, aunque su uso ha ido evolucionando con los tiempos hasta convertirla en un gran centro comercial donde se vende de todo lo inimaginable y que nos obliga a sortear continuamente turistas. Entre tienda y tienda, no nos faltó la visita a la Pagoda de Phuoc Kien, construida por los Chinos en el Siglo XVII, ni a su mítico Puente Cubierto Japonés, todo un prodigio de mantenimiento de la estructura de madera, pues tiene una antigüedad de más de 400 años. Tampoco dejamos pasar la ocasión de internarnos en su magnífico mercado tradicional, donde los olores y el bullicio marcan la diferencia.


Al día siguiente, comenzamos el desplazamiento por carretera hasta la Ciudad Imperial de Hue, antigua capital del Imperio y que dispone de una esplendida ciudad amurallada, muy semejante (salvando las distancias) con la Ciudad Prohibida de Pekín, y en la que invertimos casi dos horas en su visita. Al salir de ella, continuamos con una visita a la cercana Pagoda Thien Mu y a la tumba del Emperador Tu Duc, muy bien conservada y algo alejada de Hue. Tras la comida en un resort ecológico al que acudimos en barco a través del rio, pasamos la tarde realizando pequeñas compras y admirando el aspecto tan occidental que muestra la ciudad en su zona moderna, para tras una cena ligera, esperar al siguiente día.


Al poco de levantarnos, de nuevo avión para trasladarnos a la ansiada Hanói, a la que arribamos tras poco más de una hora de agradable vuelo. Allí empezamos a sentir el bullicio y ajetreo de la Capital. Muchos vehículos circulan por sus calles, pero la palma se la llevan las motocicletas. Miles y miles de ellas sortean a los peatones y coches, en una anárquica secuencia de tráfico rodado que te envuelve y a la que terminas por acostumbrarte y sumándote a ella. Los cruces de calles son todo un reto, nadie se detiene en los pasos ni en los semáforos, por lo que el truco consiste en ir cruzando despacio y las motos te esquivan con destreza.


Antes de alojarnos en el hotel elegido, giramos una visita imprescindible hasta el Palacio Presidencial, la Pagoda del Pilar Único (pequeña construcción religiosa sustentada en un único tronco de madera de teka), y al Templo de la Literatura (Construido en honor a Confucio durante el Siglo IX). También visitamos la mítica Cárcel de Hoa Lo, construida inicialmente por los franceses durante la ocupación, los vietnamitas del norte la usaron para internar en ella a los pilotos norteamericanos capturados. El lugar, denominado por los presos como “Hanói Hilton”, se ha convertido en un museo de los horrores de la guerra y por allí pasaron un tiempo de “estancia” entre otros, el político Jhon McCain. Dio tiempo antes de anochecer para disfrutar de la suntuosidad exterior del Mausoleo de Ho Chi Minh, inmenso complejo diseñado al estilo comunista con avenidas amplias y edificaciones inmensas. Se termino de construir en 1975 y es un importante centro de peregrinación de los colegiales y ciudadanos vietnamitas, que allí acuden a observar el cadáver embalsamado del antiguo líder. No hubo en esta ocasión opción de adentrarnos a su interior pues en estas fechas no está permitida su visita. De ahí, directamente al hotel y tras el aseo correspondiente una cena “occidental” que nos permitió recrearnos y hacer un paréntesis entre las comidas locales.


Al día siguiente, subimos de nuevo al autobús para dirigirnos hasta Trang An, área recreativa salvaje y atractiva donde hicimos un recorrido en bote de remos a través de un fantástico paisaje de aguas claras y silenciosas donde solo se escucha el chapoteo de los remos, mientras se atravesamos la multitud de grutas existentes. Tras el almuerzo, visita a la antigua capital de Vietnam, Dai Co Viet, con infinidad de tumbas y santuarios de las antiguas dinastías de la región. Cerca de allí, en Hoa Lu, visitamos los templos de las dinastías Dinh y Le, antes de enfilar regreso a Hanói para recorrer con calma la ajetreada vida de la zona antigua y que se localiza en los alrededores del Lago de la Espada Restituida, con un hermoso templo en su interior al que se accede por un bello puente rojo de madera y que en la noche se muestra esplendido, cuando se procede a su iluminación.


Y como no pude haber visita al norte de Vietnam sin acercarse a la Bahía de Ha Long, salimos hacia allí muy temprano, pues son 4 horas lo que se tarda en llegar. Escenario ideal para recreaciones de varias películas y de multitud de fotografías, es Patrimonio de Humanidad por la Unesco. Navegar entre sus islas dentro de las embarcaciones que la surcan, es la mejor opción para conocer esta maravilla de la naturaleza dentro del Mar de China. Barcos silenciosos con todas las comodidades y para todos los bolsillos, ataviados con las velas en forma de aleta típicas de Indochina pero con motores para el rápido movimiento. Desde ellos nos es fácil acercarnos a los asentamientos flotantes de pescadores o de cultivadores de perlas, en los que nos podemos aprovisionar de pescado fresco. Entre los diversos asentamientos se desplazan sus habitantes en frágiles embarcaciones de remos, por medio de las cuales mueven sus mercancías de un lugar a otro para comerciar con ellas y cada vez más a menudo transportar turistas para las habituales compras.


Tras pasar la noche en el barco, con una tranquilidad envidiable, lentamente nos vamos acercando hasta puerto mientras sortea las rocosas islas. Al desembarcar, de nuevo subimos al autobús para iniciar en regreso a Hanói, realizando antes una parada para disfrutar de un espectáculo de marionetas sobre el agua en el pueblo de Yen Duc, donde también almorzamos. Y de nuevo carretera hasta la Capital, acompañada de una pequeña siesta que nos lo hace más llevadero, pues arribamos al hotel ya anocheciendo, para pasar nuestra última noche en Hanói. Ultimas compras por la ciudad, despedida de nuestra amable enlace con la agencia local Asiática Travel, Luna. Ella nos los hizo todo más fácil y asequible y organizó todo a la perfección ocupándose de todo, incluso de la maleta pérdida de uno de nuestros compañeros.


Y al día siguiente, otra vez el recorrido en avión de casi 17 horas hasta España con escala en Moscú, dejando atrás la satisfacción de perderse en el caos de la vieja Hanói, husmear en las incontables tiendas de sus calles, regatear para casi todo, comer en sus restaurantes a pie de calle, sudar por la humedad constante, pasear por una ciudad con bella arquitectura europea, disfrutar de sus mercados y sobre todo imbuirse de la vida de sus habitantes.

Sin duda alguna, volveremos.







jueves, 28 de julio de 2016

Hanoi (Vietnam)

HANOI (VIETNAM)
ENCANTO COLONIAL FRANCÉS A ORILLAS DEL RIO ROJO


Considerado por muchos como un apéndice de China y con más de 2600 Km de costa, Vietnam es un escaparate de la dificultad que supone homogeneizar un territorio con infinidad de etnias y tribus. Labor ardua que llevó al país a sumirse en constantes guerras entre ellos mismos y que no logro pararlas ni el colonialismo Francés ni la posterior intervención Norteamericana. En 1975 y tras la retirada Americana del país se logro la paz después de la entrada en Saigón de las fuerzas comunistas del norte. Desde entonces y a pesar de autodenominarse “Republica Socialista”, el desarrollo industrial y la apertura turística han ido aupando al país a puestos relevantes dentro de las economías Asiáticas. Si a ello unimos sus parajes naturales,  su cultura y la hospitalidad Vietnamita, descubrimos un destino que merece mucho la pena.


No existen vuelos directos desde España a Vietnam, por lo que se hace necesaria una conexión, bien en Europa o en la Península Arábiga. A Hanói se llega tras casi 17 horas de vuelo y sin engorrosos tramites administrativos en el aeropuerto y lo primero que percibimos al salir al exterior es una concentración de humedad que hace aflorar una exudación constante que no desaparece durante los días de estancia. En cuanto nos adentramos por la ciudad, que tiene más de 6 millones de habitantes, empezamos a sentir el bullicio y ajetreo de la Capital. Muchos vehículos circulan por sus calles, pero la palma se la llevan las motocicletas. Miles y miles de ellas sortean a los peatones y coches, en una anárquica secuencia de trafico rodado que te envuelve y a la que terminas por acostumbrarte y sumándote a ella. Los cruces de calles son todo un reto, nadie se detiene en los pasos ni en los semáforos, por lo que el truco consiste en ir cruzando despacio y las motos te esquivan con destreza.


Pero Hanói te atrapa rápidamente, gente por todas partes, infinidad de puestos callejeros de comida donde se afanan los lugareños para deleitarse con esas sopas de fideos (la popular y deliciosa Pho), que comen a todas horas en las minúsculas banquetas que pueblan los espacios libres de las aceras que han dejado las motos aparcadas en ellas, pues tanta moto es necesaria aparcarlas y que mejor lugar que las aceras, aunque obliguen al mortal peatón a sortearlas invadiendo la calzada. Callejear sin rumbo te hace descubrir lugares impensables en cuanto te alejas del centro y así se empieza a apreciar la verdadera Hanói y a sus amables gentes.

La estética Comunista inunda la ciudad, con inmensidad de banderas Vietnamitas colocadas en todas las fachadas. Además, la propaganda y los murales se encuentran por todas partes, dominándolo todo el color rojo y la estrella amarilla. Parece todo una vuelta al pasado, pero la realidad no es esa, el comunismo solo esta en las definiciones propagandísticas de la administración. En la vida normal de las personas impera un modesto pero firme pulso capitalista, todos los negocios son privados y permanecen vitales al comercio.


El barrio antiguo de Hanói es el epicentro histórico de la ciudad y el lugar idóneo para alojarse y desde ahí recorrer la capital vietnamita. Es una zona tranquila acostumbrada a trajín turístico y lo suficientemente segura, con hoteles de diversas categorías a buen precio y con instalaciones muy aceptables. Nosotros elegimos al Golden Lotus Luxury, muy buen hotel de habitaciones amplias y una atención perfecta. En este barrio se encuentra el denominado Lago de la Espada Restituida, donde dice la leyenda que se encontró una tortuga gigante que portaba una espada con la cual se inicio la batalla contra la invasión de los mongoles. En el interior del lago se encuentra el Templo de Ngoc Son, al que se accede atravesando un precioso puente rojo, llamado del Sol Naciente en recuerdo a la guerra con Estados Unidos. En el interior del Templo se puede visionar una tortuga gigante disecada que no se sabe si es la de la leyenda. Frente al lago, y en una calle muy comercial localizamos la Catedral de San Jose, muy parecida a la de Notre Dame de Saigón y a su maestra de Paris, aunque el tamaño lo dice todo.
  

Por las calles céntricas se agolpan tiendas de todo tipo, cada una organizada por gremios. De esta forma encontramos calles repletas de zapaterías, otras de maletas y mochilas, de ropas de montaña, de flores, de especias o de remedios naturales. No olvidemos que Vietnam es el paraíso de los productos falsificados, hay ropa, calzado, complementos, etc., de todas las marcas del mercado a precios irrisorios, pero el resultado que den es cosa tuya. También hay calles repletas de restaurantes locales y de bares e incluso discotecas al más propio estilo occidental. La cerveza es exquisita y muy barata (a menos de 1 euro), con lo que no resulta extraño volver al hotel algo perjudicado.


Saliendo del barrio antiguo se hace indispensable una visita al Mausoleo de Ho Chi Ming. Un inmenso complejo diseñado al estilo comunista con avenidas amplias y edificaciones inmensas. Se termino de construir en 1975 y es un importante centro de peregrinación de los colegiales y ciudadanos vietnamitas, que allí acuden a observar el cadáver embalsamado del antiguo líder. En el interior del complejo existen varias edificaciones que igualmente son visitadas, como la denominada casa-despacho de Ho Chi Ming, el Palacio Presidencial, el Congreso Vietnamita y un par de Ministerios. También se ubica dentro del complejo la Pagoda del Pilar Único, pequeña construcción religiosa sustentada en un único tronco de madera de teka (de ahí su nombre), rodeada por  un precioso jardín botánico con mucha variedad de plantas y flores.


Fuera ya de las murallas del Mausoleo, un lugar muy curioso de ver, el Templo de la Literatura. Construido en honor a Confucio durante el Siglo IX, dispone de varios patios comunicados entre si por medio de arcos de paso y que durante los siglos posteriores a su construcción fue agregando edificios, donde se ha ido preservando la cultura y tradiciones locales al paso de los siglos. En sus primeros años fue utilizada como escuela para la instrucción de las elites Vietnamitas.


Mención aparte merece una visita a la mítica Prisión de Hoa Lo. Construida inicialmente por los franceses durante la ocupación, los vietnamitas del norte la usaron para internar en ella a los pilotos norteamericanos capturados. El lugar, denominado por los presos como “Hanói Hilton”, se ha convertido en un museo de los horrores de la guerra y por allí pasaron un tiempo de “estancia” entre otros, Jhon McCain o Joseph Kittinger (primer hombre en cruzar el atlántico en globo). Los prisioneros eran sometidos a duras sesiones de interrogatorios y muchos de ellos fueron ejecutados, a pesar de las negativas del gobierno Vietnamita.


Pero lo que marca la idiosincrasia de Hanói, es el denominado Barrio Francés. Bellos edificios construidos durante la colonia y que confieren un aire parisino innegable. Hoy en día se han recuperado para instalar en ellos a la mayor parte de las Embajadas acreditadas, a lujosa tiendas occidentales y como no, los hoteles más renombrados, entre los que destaca el mítico Metropole, hoy propiedad de la Cadena Sofitel. En el barrio Francés no podía faltar el edificio de la Opera de Hanói, con una sala acristalada y fachada de estilo colonial francés, se ha convertido en una visita obligada para los visitantes de la Capital. Con ella se quiso poner de manifiesto el desarrollo cultural vietnamita durante la ocupación francesa. La visita a ella se hace indispensable.


Pero hay mucho más que visitar en Hanói. La ciudadela, rodeada de jardines y edificaciones. El Museo de la Historia Militar de Vietnam, con armamento diverso y vehículos utilizados contra Estados Unidos. La Pagoda de Tran Quoc, a orillas de un bello lago. También es recomendable un espectáculo en el Teatro Municipal de Marionetas.

Pero una visita a Hanói no puede terminar sin acercarse a pasar alguna noche a un barco por la Bahía de Ha Long. Escenario ideal para recreaciones de varias películas y de multitud de fotografías, es Patrimonio de Humanidad por la Unesco. Navegar entre sus islas dentro de las embarcaciones que la surcan, es la mejor opción para conocer esta maravilla de la naturaleza dentro del Mar de China. Barcos silenciosos con todas las comodidades y para todos los bolsillos, ataviados con las velas en forma de aleta típicas de Indochina pero con motores para el rápido movimiento. Desde ellos nos es fácil acercarnos a los asentamientos flotantes de pescadores o de cultivadores de perlas, en los que nos podemos aprovisionar de pescado fresco para posteriormente cocinarlo en el barco o realizar compras de de joyas, todo ello a precios bastante asequibles. Entre los diversos asentamientos se desplazan sus habitantes en frágiles embarcaciones de remos, por medio de las cuales mueven sus mercancías de un lugar a otro para comerciar con ellas y cada vez más a menudo transportar turistas para las habituales compras.


No nos faltarán motivos para visitar en norte de Vietnam, y como he dicho anteriormente el viaje aunque largo, es sencillo de realizar. Nosotros elegimos hacerlo con Qatar Airwais y no nos arrepentimos, con un precio muy asequible y una corta escala en Doha llegamos a Hanói, donde empezamos a disfrutar del mundo vietnamita. Perderse en el caos de la vieja Hanói, husmear en las incontables tiendas de sus calles, regatear para casi todo, comer en sus restaurantes a pie de calle, sudar por la humedad constante, pasear por una ciudad con bella arquitectura europea, disfrutar de sus mercados y sobre todo imbuirse de la vida de sus habitantes.


Si tuviéramos intención de movernos por todo el país, es recomendable usar los vuelos internos de Vietnam Airlines para así ahorrar mucho tiempo en desplazamientos, pues las carreteras, aunque muy mejoradas actualmente, siguen siendo lentas y con trafico constante de camiones. No debe darnos reparo viajar por libre pues es un país seguro manteniendo las normas mínimas de precaución. Si es recomendable hacer uso de los servicios de una agencia local de viajes, pues nos ahorrará muchos trámites y preocupaciones. Desde aquí, recomendamos los servicios de Asiática Travel, pues son muy serios, con alta profesionalidad, atienden en español, con guías de habla hispana y se ocupan de todo a precios muy ventajosos.


No lo pienses mucho y aventúrate a disfrutar del mítico Vietnam.